Dos a partir de uno, para el uno | Revista Artes y Cosas

 

En los tiempos que corren las personas de a pie poco, o nada, nos preocupamos por el mundo de la ciencia en sus implicaciones morales. Es cierto que hace algunas semanas podíamos oír en las noticias que en Inglaterra se estaba votando si era procedente o no lo que se llamó “la concepción de tres padres”. Ya la denominación nos reservaba de hacer cualquier comentario puesto que, en principio esa idea era imposible; además, la explicación, aún simplificada, que nos ofrecieron los medios informativos no era suficiente para que algunas personas entendieran en qué consistía, y mucho menos pensar en la moralidad o no del asunto. Hago esta referencia porque el libro que voy a mostraros ahora se ve como un ejemplo de una cuestión de ética científica. Aunque parezca muy extraño hablo de literatura, sí, también sirve para estas cosas.

No sé si lo recordaréis, pero en 2010 estrenaron una película llamada Never Let me go, en español, Nunca me abandones. En realidad no sé qué alcance pudo tener, ya que se estrenó con la idea de aprovechar el tirón que Keira Knightley había tenido con Piratas del Caribe, aunque en mi caso sí que fui consciente de su estreno y de lo rara que era. En cualquier caso, la película se basaba en una obra homónima, de 2005, del autor nacido en Japón Kazuo Ishiguro, sin embargo, el film nos desvelaba desde muy temprano qué era lo que sucedía en la historia. Por ello quiero, tanto si la visteis como si no, invitaros a que leáis el libro, os sorprenderéis ya seáis de un grupo o de otro.