En 1982 escuché en el Rock-Ola de Madrid un concierto de Thomas Dolby que me dejó impactado. Sin baterías ni guitarras ni músicos en el escenario, Thomas Dolby se presentó ante el público con una caja de ritmos y un pequeño sintetizador que empezaron a emitir una música pregrabada, con la que dio su concierto. Entre el público empezó a cundir la indignación, porque consideraban que aquello no era un verdadero concierto, sino una tomadura de pelo en play-back. Y hubo muchas protestas.
Ayer fuimos a Centro Centro de Madrid a escuchar un concierto del músico holandés Edwin van der Heide, quien presentó una impresionante composición de Maryanne Amacher, titulada Plaything (1999). A diferencia de lo que hacía Thomas Dolby, esta vez, en el escenario no había nadie, ni músicos ni instrumentos, solamente un altavoz, así como otros varios megáfonos rodeando la sala. El intérprete en esta ocasión se sentaba detrás de una mesa de mezclas, instalada en medio del patio de butacas. No había por tanto nada que ver ni nada que mirar. Se trataba solamente de una experiencia acústica pura, ante la que el espectador —o, mejor dicho, el oyente— se quedaba estupefacto.
Maryanne Amacher era una música experimental norteamericana, nacida en 1938 y fallecida en 2009, que había sido discípula del gran Karlheinz Stockhausen y, al parecer, conoció también a John Cage, con el que colaboró en los años setenta. De Cage aprendió a incorporar como música los sonidos ambientales y de Stockhausen la introducción de sonidos industriales. De hecho, el concierto de anoche parecía —recordando al Cuarteto de cuerda para helicópteros de Stockhausen— una terminal de carga de un aeropuerto, con un ruido de motores que resultaba insoportable. Pero, también decía John Cage que él no había escuchado ningún ruido que fuera absolutamente insoportable. Allí no había ni armonía ni melodía ni tampoco ritmo, sino tan solo sonido e intensidad sonora que, en un momento dado, introducía una experiencia acústica sorprendente y espectacular, pues la música —o el sonido— comenzaba a percibirse directamente en el interior de los oídos.
Al parecer Amacher estudió también informática y acústica, y descubrió la existencia de sonidos cocleares, generados en el interior del oído. Con estos elementos componía espectáculos sonoros fascinantes. Su colaborador Van der Heyde recibió, al final del concierto una sonora ovación.
Edwin van der Heyde
Plaything de Maryanne Amacher
Centro Centro, Madrid, 25/04/2026