La bola negra ha recibido el premio a la mejor dirección en Cannes 2026 y está seleccionada por la Academia Española del Cine para optar a Mejor película internacional en la 99 edición de Los Óscar.
Sobre una incipiente obra de García Lorca, de cuatro páginas y algunos esquemas, se ha desarrollado el guion de esta película en tres capítulos. Esta narrativa se va intercalando en tres historias conectadas entre sí remotamente, con diferente estética y puesta en escena. Estas puestas en escena resultan en alguna ocasión más acertada que otras.

Las tres historias giran en torno a la guerra civil española y al círculo de Federico García Lorca. Es una historia panorámica sobre la represión fascista, el amor prohibido y, sobre todo, sobre la homosexualidad masculina. Las mujeres en esta película aparecen muy poco perfiladas o como meros golpes de efecto. Así, Penélope Cruz de cupletista, Lola Dueñas de rompedora madre chunga o Glen Close, como especialista en Lorca, muy traída por los pelos.
Pero La bola negra tiene muchos ingredientes encajados con dificultad, porque tal vez se hayan empeñado sus autores en que aquí no falte de nada. Por tener tiene a un protagonista (el de la verdadera historia de La bola negra, en el casino de Granada, en 1932) que se pasea por su ciudad, admirando a un nutrido destacamento de la Marina, con estética de perfume Le Mâle de Jean Paul Gaultier, pero en Granada.

Quizás la historia de 1937, ya en plena guerra civil, es la más bonita. La relación ficcionada de Rafael Rodríguez Rapún, secretario de La barraca, ingeniero y oficial republicano, a la vez que un novio de Lorca, es la más fascinante. Rafael cae prisionero en la provincia de Santander y su custodio, músico del bando nacional, por lotería y no por ideología, como tantos, se enamora de él. Ambas interpretaciones —la de Rafael y la de su custodio— son desplegadas con mucha delicadeza, tanto por parte de Miguel Bernardeau, como por Álvaro Guitarricadelafuente. Sin embargo, esta historia también está aderezada con militares en pelota, haciendo cualquier cosa, todos ellos delgados y tiposos que igual no son tan necesarios.
La película contiene momentos épicos y excesos prescindibles. Parece que hubiera una voluntad de recargarla siempre, de que no falte de nada. Es una ambición genuina, pero parece que sus directores tienden a ponerla en modo Hollywood, tal vez como paradigma de perfección cinematográfica.
Y luego está la historia de 2017, que explica un poco la conexión que hay entre la primera, que origina la obra esbozada por Lorca de la bola negra y la segunda en plena guerra civil. No obstante, la introducción a la vida de Alberto en Grecia, interpretada por Carlos González, también resulta algo accesoria para la trama general. La de Carlos González es la mejor interpretación sin duda, por contención y por sinceridad actoral.

Es una película especial. Tiene de todo. Es más, tiene demasiado de todo. Está pensada para ser oscarizada y eso en sí no es un defecto, pero quizá le sobren ingredientes.
Es una historia bonita, aunque mejorable, con una banda sonora potente y una bellísima canción original tanto por su letra, como especialmente por su música.
Dirección Javier Calvo y Javier Ambrosi, sobre una adaptación del guion de Alberto Conejero.
Fotografía: Gris Jordana.
Música: Raül Refree.
Canción original: La nieve, de Guitarricadelafuente.
Se estrena el 25 de septiembre.
155’ de duración.