Sa punta des Molí (Benjamin en Ibiza)

En enero de 1932, agobiado por una situación económica muy precaria, el filósofo Walter Benjamin encontró en Berlín a un amigo que le habló de Ibiza como de un lugar paradisíaco, en el que se podía vivir con muy poco dinero. En abril de ese mismo año se trasladó a la isla y se instaló en una casita abandonada, sin agua y sin luz, en San Antonio, en la llamada “Sa punta des Molí”. Allí, bañándose en el mar por las mañanas, se quedó fascinado por la blanca arquitectura de la isla y por la rústica autonomía de sus habitantes. Frente a la moderna arquitectura del cristal y del acero, arquitectura sin historia y sin memoria, los objetos del campesino ibicenco, sus sillas, sus aperos de labranza o sus sombreros de paja, le trasmitían un saber artesanal lleno de vida y experiencia. «Nos hemos hecho pobres —escribió Benjamin en Ibiza—. Hemos ido entregando una porción tras otra de la herencia de la humanidad, con frecuencia teniendo que dejarla en la casa de empeño por cien veces menos de su valor para que nos adelanten la pequeña moneda de lo “actual”».

Casa de Benjamin en San Antonio, Ibiza, en 1932.

Vicente Valero publicó hace años un bellísimo libro titulado Experiencia y pobreza dedicado a los años que pasó el filósofo berlinés en la isla. Mientras que, en el año 32, Benjamin solo buscaba un sitio tranquilo y económico para pasar un par de meses, en el año 33, con la llegada de Hitler al poder, fue su primer destino en el exilio. Su situación económica era tan deplorable, que los chicos ibicencos le llamaban “es Miserable”.

Benjamin con Jean y Guyet Selz en Ibiza

El pasado viernes, con motivo de la feria CAN Ibiza, que tendrá lugar en la isla entre el 25 y el 28 de junio, tuve la suerte de ser invitado a visitar la exposición del programa Off que, entre sus distintas sedes, se presenta también en la casa en la que estuvo alojado Benjamin en San Antonio, y en la que padeció penalidades sin cuento. La casa se encontraba junto a un viejo molino, al lado del mar y en 1932 se la cedieron a Benjamin gratuitamente. Actualmente se ha convertido en una sala de exposiciones que lleva el nombre del filósofo, y en la que la artista Marina Marón presenta sus meditaciones acerca del espacio y la arquitectura. Lo que era en su momento una casa vacía y abandonada se ha convertido ahora en un espacio ajardinado, en el que se celebran bodas.

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Por Miguel Cereceda

Miguel Cereceda es profesor de Estética y teoría de las artes en la Universidad Autónoma de Madrid, crítico de arte y comisario independiente de exposiciones. Ha publicado El lenguaje y el deseo, El origen de la mujer sujeto y Problemas del arte contemporáne@. Su último libro, sobre teoría de la crítica, "Parcial, apasionada, política", se publicó en la editorial Árdora, en Madrid, 2020. Ha sido profesor invitado en las universidades de Potsdam (República Federal Alemana) y UDLAP (México).