Tender las sábanas. Inés Figaredo en la galería Cayón.

Por Helena Martínez García

Siempre me ha conmovido el acto de tender las sábanas en el exterior de la casa. Existe algo emocionante en los balcones, en ese gesto de poner en vertical aquello que está hecho para la horizontalidad. Es conmovedor ver cómo lo que soporta nuestro peso días y noches abandona la quietud y pasa a ser movido por el aire, agitado por el viento. Tender las sábanas supone exponer al mundo el lugar donde dormimos, donde lloramos, donde descansamos y, en ocasiones, donde nos relacionamos de manera más íntima con otros cuerpos.

La exposición de Inés Figaredo es algo así como tender las sábanas en el balcón. Dejar a la vista lo íntimo, lo pequeño, lo violento, lo sincero. La primera exposición individual de Figaredo en la Galería Cayón constituye uno de los lanzamientos más singulares y emotivos de la temporada artística madrileña. Bajo el título Casa, la muestra reúne una cincuentena de obras inéditas producidas a lo largo de la última década en el silencio y la clausura del hogar, y propone un viaje al centro mismo de la experiencia humana: el espacio doméstico como matriz de identidad, memoria y afecto.

Figaredo ha esquivado deliberadamente las rutas convencionales del arte académico. Su nombre emergió primero ligado al diseño de bolsos; sin embargo, lejos de quedar encasillada, transformó esa práctica en territorio fértil para un lenguaje artístico más amplio. Sus obras de diseño han llegado a manos de Lady Gaga, Rihanna, Miley Cyrus o familias reales, pero ella insiste en que su inquietud más artística no nace de las demandas del mercado, sino de una necesidad vital: organizar, comprender y estructurar su propia existencia mediante la obra. La casa —esa presencia y ausencia simultánea— funciona aquí como metáfora del “ser-en-el-mundo”, un espacio que no sólo hospeda cuerpos sino historias, rituales, pérdidas y reafirmaciones del yo.

Entre las primeras piezas del recorrido por la galería encontramos Yo/Burro (2017), una escultura compuesta por costales de arpillera de lino, paja y un perchero de los años 50. En esta, la artista ejemplifica perfectamente su inclinación por lo autobiográfico y lo simbólico. La obra de Figaredo se configura como una búsqueda compleja de sentido, memoria e identidad a través de la materialidad de objetos antiguos cargados de historia. Sin embargo, la profunda búsqueda que late en toda su obra no se limita a la poética surrealista del objeto encontrado (objet trouvé) ni al ready-made duchampiano; es más bien una reelaboración afectiva, un mapa emocional en el que cada objeto es vínculo, cicatriz y revelación. Así se aprecia en el texto bordado en uno de los sacos que descansan sobre el burro en esta obra: “Ordeno el movimiento (el conflicto, la duda…) a través del símbolo y vuelvo una y otra vez de manera obsesiva al momento donde se genera la identidad del uno como elemento separado del otro.”

Inés Figaredo. Yo/Burro, 2017. Galería Cayón.

Una tensión similar se aprecia en I resist / You (2021) donde pequeños fragmentos de sábanas con las palabras I resist y You se cosen sobre un mantel. En algunas composiciones, I resist se superpone a You; en otras, una de las dos palabras queda parcialmente oculta bajo los hilos y las telas. Se trata de una representación directa del conflicto identitario inherente a la relación con el otro: nuestra identidad se repara, se rasga y se transforma constantemente en el ejercicio de vivir con y junto a otros. El hilo rojo que recorre y cose las piezas actúa como nexo, como un recordatorio visual de que toda identidad es vínculo y separación a la vez: una costura que une, pero también marca la frontera.

Vistas de la exposición Inés Figaredo: Casa, Cayón Madrid, 2025.
© Inés Figaredo, 2025.

Por otro lado, pensar el tema de la casa me lleva inevitablemente a las Femme Maison de Louise Bourgeois: cuerpos absorbidos por el hogar, aunque en Figaredo hay un giro distinto. El encierro no se muestra como condena absoluta, sino como territorio contradictorio donde conviven el resguardo y la opresión. En Muro/Matrimonio (2025), ladrillos alzan una frontera simbólica que bloquea parcialmente la visión al exterior de la galería. El matrimonio —sus valores rígidos, sus certezas frías— se presenta aquí como arquitectura contundente. Pero Figaredo recubre esos ladrillos con paños domésticos, bordados y manteles: así, la dureza se desarma mediante la ternura. Ese gesto contrapone la estructura con el cuidado, lo normativo con lo íntimo, recordándonos que lo doméstico también es disputa, no solo refugio.

Pero la casa no está exenta de violencia. Figaredo lo sabe y lo muestra desde el temblor más leve. Sus instalaciones evocan silencios densos, sombras y grietas que nos recuerdan que el hogar puede ser tanto umbral de amor como escenario de dolor y pérdida. Una casa que más bien podría ser definida con versos de Pizarnik como apenas “un agujero/ una pared que tiembla”. En esta exposición, Figaredo también decide nombrar aquellas historias y recuerdos que esconden su violencia bajo la palabra “hogar”. En esta exposición, no solo se habla del amor y la intimidad, sino que la artista nos enfrenta a las tensiones que ignoramos en los márgenes de su propia indefinición.

El recorrido culmina con Casa (2024), la apoteósica instalación que sintetiza la obra de Figaredo: andamios, tejidos, bordados y objetos ensamblados para reconstruir un hogar despojado, vulnerable, esquelético y abierto de par en par. No hay muros opacos ni habitaciones clausuradas; solo estructuras abiertas donde la vida se expone a los detalles. Cada elemento parece afirmar que lo doméstico no es simple escenario, sino organismo vivo hecho de contradicciones, cuidado, deseo y herida. En esta maravillosa obra final, la artista combina lo escultórico, lo textil y la instalación, hibridando disciplinas para crear un lenguaje propio que afecta al cuerpo del espectador tanto como a su memoria.

Vistas de la exposición Inés Figaredo: Casa, Cayón Madrid, 2025.
© Inés Figaredo, 2025.

Al salir, uno regresa inevitablemente a la metáfora inicial: tender las sábanas. Figaredo cuelga al viento eso que normalmente ocultamos. En su Casa, lo íntimo se hace visible no para ser juzgado, sino para ser comprendido. En última instancia, la exposición de Inés Figaredo en Galería Cayón parece hacernos recordar aquella frase que Virginia Woolf escribía en Las Olas: “Entre yo misma y la infinita profundidad solo se interpone una fina sábana”.

Tal vez el arte de Figaredo consista justamente en eso: en recordarnos que la casa no es únicamente un lugar donde habitamos, sino también la materia con la que estamos hechos. Una membrana fina entre el yo y el otro, entre lo privado y lo público, entre la memoria y el presente. Y al tenderla, como en el balcón, descubrimos que existen tantas preguntas en el interior como pliegues en las telas cuando las mece el viento.


Inés Figaredo: Casa
20 de noviembre, 2025- 16 de enero, 2026
Galería Cayón
Calle Blanca de Navarra 7/9, 28010, Madrid