Tuiza. Las culturas de la jaima | Revista Artes y Cosas

Foto: Joaquín Cortés- Román Lores

 

Federico Guzmán ha establecido un diálogo entre su proyecto Tuiza. Las culturas de la jaima y el Palacio de Cristal del Parque del Retiro, en el que ha instalado una gran jaima convertida en lugar de encuentro de la cultura.

Organizada por el Museo Reina Sofía en coproducción con Fundación Donostia/San Sebastián, Capital Europea de la Cultura 2016, el titulo de la exposición, Tuiza, significa en hassanía -dialecto árabe del noroeste del Magreb- trabajo solidario colectivo y hace referencia a reunirse, participar y construir algo entre todos.

Y eso es lo que propone Guzmán (Sevilla, 1964) al instalar una gran jaima, hogar tradicional de los nómadas del desierto, creada con melhfas (vestimenta tradicional saharaui) realizadas por las mujeres de Bojador, y que se presenta como un espacio de hospitalidad y conversación entre culturas.

El gran habitáculo servirá hasta el 30 de agosto de lugar de reunión y encuentro, con todo tipo de actividades, en el que se dará protagonismo a la cultura oral e inmaterial, a través de la poesía, la música y otras acciones de carácter educativo que introducirán nuevas formas de vivir en comunidad.

Los relatos se multiplicarán a través de una serie de conferencias y representaciones, con un archivo vivo de cine que incluirá, desde el nacimiento de la imagen tópica de las películas de carácter histórico africanista, hasta las recientes revisiones críticas.

El programa de actividades aspira a convertir “Tuiza” en un espacio donde descolonizar la imaginación y articular un conocimiento y sensibilidad que circule del sur a sur, sin pasar por la homogeneización del centro ni del relato occidental.

Recitales poéticos de la Generación de la Amistad saharaui, el mauritano Ismael Diadié, el palestino Mahhumd Sobh o la iraquí Bahira Bdulatif; conciertos de Aziza Brahim o Luis Delgado, y conferencias con las intervenciones de Boaventura de Sousa Santos, Maria Paula Meneses y Bernabé López García.

 

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Y en cine, un archivo en sesión continua de las representaciones en el cine colonial y sus revisiones críticas, son algunas de las actividades previstas.

Tras su paso por Madrid, la jaima ideada por Guzmán recobrará vida en el Museo San Telmo de San Sebastián.

Federico Guzmán ha concebido la práctica artística como un compromiso con su entorno. Sus estancias en Nueva York y Bogotá en la década de los noventa y en el Sáhara, más recientemente, le han llevado a incidir en esta idea, tomando especial conciencia del arte como herramienta para cambiar la sociedad, y a entender la figura del artista y su trabajo como algo inextricable del contexto en el que vive.

 

Marhaban bikum! Bienvenidos a la jaima!
Federico Guzmán

 

Nuestro primer recuerdo es una jaima. Cuando abrimos los ojos vimos palos verticales, horizontales, telas de guetón y benias de colores sujetadas con cuerdas y nudos, alfombras y gente guapa ataviada con melhfas y darrás. Hombres, mujeres, niños y niñas que se refugian del rij (el viento del desierto) con nosotros, dentro de este espacio.
Aquí la luz del sol atraviesa el prisma del Palacio de Cristal y proyecta un arco iris a nuestro alrededor. Las melhfas son las luminosas telas con que se viste la mujer saharaui. Estas melhfas dibujadas, teñidas y pintadas por mujeres refugiadas, relatan la historia colectiva de un exilio: cuando las mujeres saharauis crearon sombra para sus hijos atando sus vestidos a los árboles del desierto, levantando las primeras jaimas en tierra ajena.
Estas melhfas relatan la vida cotidiana de un pueblo milenario, nómada y beduíno, que es viento, sol y arena, habitando el poderoso desierto. Un pueblo que se caracteriza por su hospitalidad y su resistencia. A través de la conversación con poetas y músicos alrededor de una deliciosa ceremonia de té viajamos a las entrañas del Sahara conociendo sus culturas.
Nuestra jaima es el collage mestizo de un esfuerzo compartido: del taller de mujeres que han pintado las melhfas en el campamento de refugiados saharauis de Bojador, de las arquitectas andaluzas que han diseñado nuestra jaima, del festival de arte y derechos humanos ARTifariti, de la red vasca del Faro de la Paz, del equipo del Reina Sofía, de los artistas, músicos y poetas, y de los muchos amigos y amigas saharauis de los que en los últimos años he aprendido generosidad, respeto y alegría.
Por eso hemos titulado Tuiza a este trabajo que ahora empieza. El poeta Limam Boisha explica su significado mejor que nadie:
Tuiza es un día de trabajo colectivo, una expresión de solidaridad entre mujeres. Ellas se unen y ayudan a la más necesitada a coser su nueva jaima si acaba de formar familia, o a repararla y levantarla si el viento la ha descuartizado. A la enferma la aligeran las labores diarias, y a la anciana la colman de cuidados. Tuiza es fraternidad. El ambiente local es festivo, siempre pletórico de energías, conversaciones y bromas.
Este es el espíritu con el que invitamos a todos a nuestra jaima, a descansar, a pararse, a tomar un vaso de té e iniciar una conversación abierta sin programas ni agendas. Queremos que el arte abra un espacio más allá de ideologías y confrontación, un espacio que permita imaginar entre todos nuevas palabras y vocabularios, que abordan profundos conflictos, nuevas herramientas para construir un mundo nuevo, que forma parte de nuestra historia y de un destino común en el camino de la paz.
Bienvenidos a la jaima. Bienvenidos a casa.

 

 Con Información de EFE

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